terreno para una ofensiva —seguro bajo el ardid de medidas preventivas militarista

Salvador González Briceño | Alainet | 13-2-2011 a las 0:26 | 353 lecturas
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A juzgar por la lluvia de declaraciones  recientes sobre México, procedentes de funcionarios de alto rango en  materia de seguridad de los Estados Unidos [Hillary Clinton, Janet   Napolitano, Joseph Westphal y recién James Clapper, el director de    Espionaje Nacional], éste país ha volteado la vista contra su vecino del  sur. Retomando la ya vieja tesis del terrorismo internacional con que la  administración perversa de George Bush trató de justificar sendas  invasiones del Pentágono contra Afganistán primero e Irak después, ahora  la responsable de la Seguridad Interna, Napolitano, lanza una idea peor  que temeraria, amenazante: la posible alianza entre Los Zetas y Al Qaeda.

Así, bajo el pretexto del resguardo de su “seguridad nacional” por el  riesgo para su país, EU parece estar preparando el terreno para una  ofensiva —seguro bajo el ardid de medidas preventivas— militarista y con 
tintes netamente intervencionistas a territorio mexicano, al más puro  estilo de la halconera política bushiana que empujó guerras para el  resguardo de sus intereses energéticos y geopolíticos en la región  Oriente Próximo y Medio.

Aprovechando el entreguismo de la administración actual del presidente  Felipe Calderón [y en general de las dos administraciones del Partido  Acción Nacional (PAN)] a los designios de Washington y todo lo  procedente de EU, pero sobre todo apoyados en la debilidad del propio  gobierno mexicano —al descubierto día con día por su endeble estrategia  contra el crimen organizado— porque la narcoviolencia pone en jaque al  propio Estado, los gringos parecen estar menos dispuestos a ayudar que a  invadir México.

Y de no ser así —no obstante EU tiene servicios de inteligencia que  elabora los análisis pertinentes para su geopolítica exterior, así sea  con ofensivas militares—, qué mejor. Pero esta reflexión es más un  llamado de atención a las autoridades mexicanas: a la Presidencia de la  República, a la Secretaría de Gobernación, a Relaciones Exteriores, pero  sobre todo al Senado y a los mexicanos, para que se revise con atención  y se ponga especial cuidado en los dichos y deslices que sobre México  están haciendo los funcionarios en cuestión. Porque entre las  declaraciones y las acciones la distancia puede ser muy corta.
 
Sobre todo para responder como se debe, tanto al pretexto —revisar la  estrategia antinarco urgentemente; más vale tarde que nunca para el  actual gobierno— como a las intentonas imperialistas-militaristas e  invasionistas de los gringos. Protestar lo necesario, pedir aclaraciones  de gobierno a gobierno [Calderón-Obama] y de Congreso a Congreso, así  como atender suficientemente lo que parece convertirse aceleradamente en  un problema grave de seguridad nacional para México. Lo que no, es  minimizar el asunto pidiendo disculpas o revires de funcionarios  menores, sino sopesar la situación por la delicadeza que tiene. Porque  con actitudes como estas, la amenaza toca a las puertas tanto de México  como de Latinoamérica.  La sucesión de acontecimientos, como las evaluaciones sobre la  narcoviolencia que están haciendo las instancias de inteligencia y  seguridad desde EU, que incluye a las representaciones diplomáticas  [véase las revelaciones de ayer en La Jornada, los cables enviados por  Wikileaks a este diario mexicano que comenzó a publicar], están  sirviendo de pretexto para un cambio de enfoque al sostenido hasta hoy   en las relaciones con México. Hacia otro dirigido contra México. No se  trata de dichos sino de hechos. En una especie de muda de de la vieja  política de contrapesos operada por el viejo Partido Revolucionario  Institucional (PRI), por otra de desventaja y sujeción que ha tolerado  el PAN.
 
Por eso, ya no velada, sino descarada y amenazantemente, personalidades  como la propia Napolitano se atreven a lanzar hipótesis justificatorias  e intervencionistas de la posible alianza: “Porque durante un tiempo  hemos pensado [se refiere, la titular de Seguridad Interior de EU, a  todo su aparato de espionaje y seguridad nacional; ¿y por cierto, el  equipo de inteligencia de México en dónde está, como lo planteó hace  tiempo, en 2007 (o antes, en 2005 como tesis doctoral), Elena Jannetti  Dávila en su libro, Institucionalización de un nuevo sistema de  inteligencia para la seguridad nacional en México, con la creación de un  Instituto de Estudios Estratégicos en Seguridad Nacional?] qué podría  ocurrir si, digamos, Al Qaeda se une a Los Zetas” [sic].
 
Una postura, además, adoptada por Napolitano en audiencia ante el Comité  de Seguridad Interna de la Cámara baja, al atender un cuestionamiento  sobre “la potencial amenaza de que terroristas puedan usar las redes del  narcotráfico mexicano en EU”. Más expectación causó porque la señora  expresó “dejarlo hasta ahí” y no hablar más del tema. “Cuando el  Congreso puede convocar a sesiones a puerta cerrada para abordar temas  delicados de inteligencia y seguridad nacional”. Más claro ni el agua.
 
Se trata, ni más ni menos, de una hipótesis con visión de largo plazo,  en el análisis estadounidense del resguardo de su seguridad nacional.  Justificar una intervención con una falaz unión Zetas-Al Qaeda para  fines terroristas, no obstante tratarse de organizaciones son fines  totalmente distintos. Pero es la tesis imperialista que azuzó las  guerras afgana e iraquí, países señalados como cueva “protectora” de  terroristas uno y el otro como poseedor de “armas de destrucción  masiva”, nunca comprobadas como fue el caso de las acusaciones contra  Sadam Hussein.
 
Dos considerados más: 1) En la visión contra el mundo se está imponiendo  la estrategia de los halcones de la derecha republicana, toda vez que le  han ganado terreno a los demócratas y que el presidente Obama irá tras  su reelección, y cede por ello; 2) En la debilidad de México y de sus  instituciones frente a un problema de violencia de la magnitud creada  por el crimen organizado, metido en trifulcas electoreras por el afán  del PAN de perpetrarse en el poder presidencial y porque no se ve cuándo  revisará a fondo su estrategia contra los delincuentes; por eso EU se  está volviendo la principal amenaza de México. Esto, insisto, es un  llamado de atención, para encender los focos amarillos.
 
Finalmente. Seguro que a Napolitano, Hillary, Obama, otros funcionarios  y a los congresistas republicanos de EU, no les importa declaraciones  como las del embajador Carlos Pascual, el espía principal en México con  estancia de “diplomático”, que “ninguna organización terrorista  internacional conocida tiene presencia operativa en México, ni han  tenido lugar incidentes terroristas dirigidos contra personal o  intereses estadounidense en territorio mexicano u originados en él”  (10/I/2010); cables revelados por Wikileaks, al diario señalado.