Oficio de Papel

Columna semanal del periodista Miguel Badillo

 

• Felipe Calderón no puede
• La guerra que viene de EU
• Listas las tropas invasoras

Mucho antes de que Felipe Calderón termine su mandato, menos de dos años si logra concluirlo, las tropas de Estados Unidos habrán invadido territorio mexicano. El pretexto es el mismo, narcotráfico y violencia, que ahora ha provocado un clima intervencionista mediante declaraciones constantes de funcionarios y militares estadounidenses, sin descontar que también Naciones Unidas se sumó a la crítica y mediante un pronunciamiento preparó el camino para que “fuerzas de tarea” estadounidenses ingresen a territorio nacional: las bandas del narcotráfico que operan en México son una “superpotencia”, dijo la ONU.

Primero fueron declaraciones de jefes policiales y de funcionarios del Departamento de Estado, incluida Hillary Clinton; después se sumaron militares y representantes de agencias de inteligencia estadounidenses, para quienes la debilidad de Calderón se ha traducido en fuertes presiones políticas que le impiden gobernar y mantener bajo control al país.

Este clima intervencionista subió de tono cuando se revelaron en WikiLeaks las críticas del gobierno de Estados Unidos al Ejército Mexicano, a los cuerpos policiales y al mismo presidente de la República, a quienes la diplomacia estadounidense consideran incapaces de hacerle frente al crimen organizado que mantiene en jaque al país y que ha desatado la peor violencia de que se tenga memoria, con 35 mil muertos en sólo cuatro años.

El colmo de la sumisión ocurrió la semana pasada, cuando Felipe Calderón tuvo que viajar a Washington para explicar personalmente a Barack Obama el resultado de su “guerra” en contra de los cárteles del narcotráfico que, a los ojos de Estados Unidos, representan un serio peligro a la seguridad nacional de ese país, al grado de calificarlos como una “narcoinsurgencia” con capacidad de tomar el poder y el control del país.

En la conferencia de prensa que ambos mandatarios rindieron al final de su encuentro, se refirieron sólo a la petición que hizo Obama motivado por el ataque armado a sus agentes, ocurrido hace unos días en San Luis Potosí, en donde uno de ellos perdió la vida y otro resultó herido. El presidente de Estados Unidos solicitó que el gobierno mexicano permita a los policías de sus diferentes corporaciones (CIA, DEA, FBI y Aduanas) portar armas para defenderse cuando circulen por territorio mexicano, a lo que Calderón respondió que revisaría junto con el Senado de la República esa petición.

Obviamente esa exigencia de Obama fue lo menos importante de la reunión entre los mandatarios, pues es sabido que los agentes estadounidenses adscritos a la embajada de ese país en México, desde hace muchos años portan armas, realizan interrogatorios ilegales a testigos protegidos, tienen casas de seguridad que utilizan como centros de espionaje y de intervención de comunicaciones y participan en operaciones de persecución en contra de cualquier persona en México que signifique un riesgo para su país, sin importar si son políticos, legisladores, empresarios, periodistas, luchadores sociales o simples delincuentes.

La verdadera presión del presidente de los Estados Unidos en dicho encuentro, fue para que Felipe Calderón autorice el acceso de las fuerzas militares de ese país a territorio nacional, en el momento que lo consideren necesario, pues para ellos el presidente mexicano ha perdido el control del país y eso pone muy nerviosos a los grupos ultraconservadores estadounidenses, sobre todo porque vienen procesos electorales, 2011 y 2012, que al gobierno de Obama le preocupan y en donde todo hace prever que el Partido Acción Nacional perderá la Presidencia de la República. Esto es para Obama el verdadero peligro, pues ha encontrado en el PAN y en Calderón aliados incondicionales y débiles, por lo que prefiere que ese partido a modo siga al frente de la Presidencia de la República.

Aunque en Washington durante la conferencia de prensa entre Obama y Calderón el tema que dominó y atrajo la atención de los medios de comunicación, fue la situación en Líbano y el inminente ataque de las fuerzas estadounidenses, la otra guerra que no pasó de desapercibida fue la que se libra en la frontera sur de Estados Unidos.

Los analistas estadounidenses dedicaron, sin embargo, sus reflexiones respecto ala inesperada visita del presidente mexicano y la debilidad que exhibe la relación bilateral entre México y Estados Unidos, la cual se vio profundamente lastimada por las revelaciones hechas a través de WikiLeaks, en las que se critica la actuación del gobierno y de su Ejército, del cual dicen tiene una gran aversión al riesgo.

A pesar de la tensión del encuentro, Calderón prometió a Barack Obama que hablaría ante las cámaras de Senadores y de Diputados para que se permita a los agentes estadounidenses que transitan por el territorio mexicano portar cierto tipo de armas. La muerte del agente de la agencia de migración estadounidense, Jaime Zapata, provocó también que en Estados Unidos se comiencen a revisar las políticas dirigidas a la protección de agentes migrantes. Calderón pidió además que se tomaran acciones contundentes en Estados Unidos para frenar la llegada de armas y dinero ilícito hacia México.

A cambio, Obama aseguró que haría todo lo posible porque, en línea con lo observado en la Iniciativa Mérida, se liberaran los equipos, el dinero y la capacitación prometida. Estamos hablando de al menos mil 600 millones de dólares. Obama también mencionó los programas educativos que en ese país ayudarían a reducir el consumo de droga.

Pero en Estados Unidos se observa que la relación con México podría entrar a una peligrosa espiral y aunque el destino de ambos está ligado por cuestiones geográficas, del otro lado de la frontera se observa con pesimismo el resultado de esta crisis. Las razones para superarla son muchas: México es prioritario para Estados Unidos; es el segundo mercado para sus productos de exportación; es la más grande fuente de migración, y es un gran socio para operaciones financieras multilaterales.

La “guerra” informativa de EU

Un minucioso recuento sobre la guerra de declaraciones que ha desatado el gobierno de Estados Unidos como una forma de presión en contra de su homólogo mexicano, lo hizo el reportero Zósimo Camacho en la revista Contralínea, quien desde finales del año pasado ha documentado de cómo militares en activo, generales y coroneles –que ocupan cargos operativos en el Ejército Mexicano– han manifestado su preocupación y enojo con Felipe Calderón ante una posible invasión militar de Estados Unidos en México

En las reuniones con el reportero, los generales del Ejército se han mostrado frustrados por la política entreguista de Felipe Calderón, obsequiosa ante los duros del Pentágono, y advierten que se construye el “escenario” con la anuencia del gobierno para el ingreso de tropas estadounidenses a territorio nacional.

Los militares entrevistados señalan que una parte del caos y la violencia en ciudades mexicanas es inducida desde el exterior con la anuencia del gobierno federal, mientras que especialistas en seguridad nacional coinciden en que se generan las condiciones que justifiquen una “cooperación más estrecha” en el plano militar entre ambos países

El pasado 18 de junio, la Organización de las Naciones Unidas calificó como “superpotencia” a las bandas del narcotráfico que operan en México. El hecho apenas mereció unas líneas en páginas interiores de algunos medios impresos, pero militares de la Segunda Sección del Ejército Mexicano (encargada de las labores de inteligencia) terminaron por desesperarse: observan como inminente la llegada de tropas estadounidenses al país, una demanda de los sectores castrenses más duros de la Defensa Nacional de Estados Unidos.

Zósimo escribió que los militares, acostumbrados a callar sus diferencias con los civiles y renuentes a comentar las discrepancias al interior de las Fuerzas Armadas, esta vez prefieren hablar. Señalan que parte de la violencia que se ha desatado en las últimas semanas podría ser “inducida”. Y acusan al gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa de preparar el “escenario” para una intervención estadounidense abierta.

Ese escenario se presentaba en los últimos meses del año pasado, por lo que ahora después del encuentro entre Calderón y Obama en Washington, no hace otra cosa más que confirmar ese temor y enojo de los militares mexicanos en contra de su presidente.

Los generales aseguran contar con información de que los atentados con carros bomba (uno realizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 16 de julio, y dos más en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el 26 de agosto de 2010) pudieron no ser obra de las bandas de narcotraficantes. Incluso, es probable que no hayan sido realizados por mexicanos.

“No es el modus operandi de los cárteles ni de los grupos armados con reivindicaciones políticas”, dice uno de los divisionarios que solicita mantener bajo reserva su identidad. Agrega que en círculos castrenses existe inquietud ante la desestabilización del país y las acciones del gobierno federal que, más que contenerla, parecen propiciarla.

Durante la más reciente visita de Hillary Clinton a este país, la delegación estadounidense impuso al gobierno de Calderón más elementos de sus agencias de inteligencia y del Pentágono en territorio nacional; además, una “fuerza de tarea” de efectivos estadounidenses que “ayudará” en las zonas más conflictivas.

Luego de la visita de la secretaria de Estado, las declaraciones de funcionarios estadounidenses acerca de la “peligrosidad” del narcotráfico se multiplicaron y se advirtió que tropas de Estados Unidos podrían cruzar la frontera. El punto más álgido de las demandas ocurrió después del ataque a dos elementos de la Agencia de Inmigración y Aduanas en San Luis Potosí.

Un general de división en activo, que actualmente ocupa un alto cargo en la Sedena, señala que muchos de los actos violentos en territorio nacional son inducidos para que la sociedad mexicana acepte la intervención. La propia Sección Segunda del Ejército, encargada de inteligencia militar, habría encontrado indicios de que la CIA realiza actividades de desestabilización en el país, tal y como lo hace en todo el mundo esa agencia de espionaje.

Las presiones de la delegación que visitó México el 24 de enero pasado –y que estuvo encabezada por la secretaria Hillary Clinton, fueron tan intensas que obligaron a Felipe Calderón a abrir un espacio en su agenda. Los funcionarios estadounidenses sólo se reunirían con la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, pero el mismo día de la visita se anunció que Clinton y su comitiva también serían recibidas en Los Pinos.
“México no puede”, el pretexto

Clinton fue precedida por una serie de declaraciones de funcionarios estadounidenses en las que cuestionaban la solvencia de las instituciones mexicanas para enfrentar la “amenaza” del narcotráfico. El 12 de enero, el presidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, almirante Michael G Mullen, había externado su “enorme preocupación” por la capacidad de violencia de los cárteles mexicanos de la droga.

En conferencia con la prensa extranjera acreditada en Washington, había dicho que “la severidad del problema” del narcotráfico se mide, “de manera trágica y triste”, por las miles de vidas que se han perdido (en México) en años recientes”, y que suman más de 35 mil.

El principal asesor del presidente de Estados Unidos en materia de seguridad nacional entonces destacó que el gobierno de Obama está interesado en seguir “ayudando” a la administración de Felipe Calderón. “Queremos hacer todo lo que podamos, reconociendo, tristemente, que esto va a tomar tiempo”.

Incluso, Mullen habló de lo que hasta ahora ha sido la participación de Estados Unidos en la “guerra” contra el narcotráfico: “Por el lado militar, nosotros hemos estado involucrados principalmente en entrenar y dar apoyo. Hay aspectos de esta guerra contra las drogas que son muy similares al tipo de cosas que hemos visto en guerras en las que hemos estado involucrados”.

Una semana después, el 21 de enero, el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, declaró, sin ambages, que los cárteles del narcotráfico de México son una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. En conferencia de prensa, señaló: “No creo que el tema sea si la estabilidad de nuestra sociedad está en riesgo, pero ciertamente es una amenaza a la seguridad nacional”.

Y como el gobierno panista no puede, los mexicanos debemos prepararnos porque viene lo peor de esta “guerra” contra el narcotráfico y la inminente invasión estadounidense.